Mostrando entradas con la etiqueta MITOLOGÍA JAPONESA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MITOLOGÍA JAPONESA. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de junio de 2017

La crisis divina - Amaterasu retira el sol




Amaterasu, diosa del sol, se asustó terriblemente cuando su hermano Susano arrojó un caballo despellejado por el techo de la hilandería sagrada y al decidir retirarse a lo que en el Kojiki se denomina «Cueva de las Rocas Celestiales» (o Ama-no-iwato) se produjo una crisis divina análoga a las que se encuentran en casi todas las mitologías, como el relato egipcio del triunfo temporal del malvado dios Set y el mito griego del rapto de Perséfone, que provocaron enormes catástrofes en el mundo. Algunos expertos interpretan la retirada de Amaterasu como una muerte y una sepultura simbólicas, pero también podría tratarse de una metáfora de un eclipse total de sol, desencadenado por el acto que acababa de presenciar la diosa del sol.

El retiro voluntario de Amaterasu sumió en la oscuridad absoluta las Elevadas Llanuras del Cielo y la Tierra Central de la Llanura de Juncos, es decir, el reino de los mortales, a consecuencia de lo cual quedaron en barbecho los arrozales y sobrevinieron diversas calamidades. Desesperados, la «miríada de ochocientos» dioses se reunieron en solemne asamblea junto al río celestial para discutir la forma de convencer a Amaterasu de que abandonara su escondite. (En este contexto, el número ocho japonés, el ya, es sagrado e implica un contingente y no un total específico.)

Omori-kane-no-kami, el hijo sabio de Takamimusubi, ofreció una solución. Como los sonidos de cierras aves «que gritaban desde tiempo atrás» (probablemente gallos) no dieron los resultados deseados, Omori-kane y las demás divinidades concibieron una complicada estratagema. En primer lugar, construyeron un espejo mágico que suspendieron de las ramas del árbol de sakaki sagrado arrancado de un bosque de montaña. Después, mientras varias deidades empuñaban objetos mágicos y celebraban una solemne liturgia, una hermosa diosa joven llamada Ama-no-uzume (en este contexto probablemente una diosa del alba, como la Aurora romana, la Eos griega o las Ushas védicas, si bien ninguna de las fuentes antiguas la caracteriza de esta forma) subió sobre una tina colocada al revés y ejecutó una danza erótica.


Su objetivo consistía en engañar al sol para que volviese a aparecer. Los dioses soltaron tales carcajadas que las Elevadas Llanuras del Cielo temblaron como sacudidas por un terremoto y el ruido penetró en el escondite de Amaterasu. Curiosa, abrió la puerta de la cueva, sólo una rendija, y gritó: «¿Por qué canta y baila Ama-no-uzume y por qué ríe la miríada de ochocientas deidades?» La joven diosa respondió en nombre de todos: «Nos regocijamos porque aquí hay una deidad superior a ti.» Mientras pronunciaba estas palabras, dos dioses dirigieron el espejo hacia la puerta entreabierta y otro dios, cuyo nombre incluye el término para designar la fuerza (chikana), se escondió allí cerca.

Al ver su reflejo, Amaterasu salió lentamente de su refugio y se aproximó al espejo y mientras se miraba intensamente, el dios que estaba oculto la cogió de la mano y la obligó a salir del todo. Otra divinidad tendió una cuerda mágica (shi-ru-kume) ante la puerta y dijo: «¡Hasta aquí puedes llegar!», tras lo cual todo volvió a la normalidad y el sol iluminó cielo y tierra. Se había resuelto la crisis divina.

La miríada de ochocientas deidades se reunió de nuevo para deliberar sobre la suerte de quien había provocado la crisis, el caprichoso y destructivo Susano, y le impusieron un duro castigo: una multa de «mil mesas de regalos de restitución», cortarse la barba, las uñas de manos y pies y, por último, expulsarle del cielo, obligándole una vez más a descender a la Tierra de la Llanura de Juncos.




Texto sacado de aquí.

domingo, 14 de mayo de 2017

Izanagi e Izanami - La pareja primordial



En los inicios, cuando la tierra era joven y no estaba completamente formada (el Kojiki dice que «parecía aceite flotante e iba a la deriva, como una medusa»), cobraron vida tres dioses invisibles en lo que los japoneses denominan Takamagahara, o las «Elevadas Llanuras del Cielo». El mayor se llamaba Amanominakanushi-no-kami, o «Señor del Centro del Cielo», e iba seguido por Takamimusubi y Kamimusubi, ambos poderosos kami por derecho propio.

Estos tres, junto con dos divinidades menores (Umashiashikabihikoji-no-kami y Amanotokotachi-no-kami), constituían las cinco «Deidades Celestiales Separadas» primordiales. Les siguieron otras siete generaciones de dioses y diosas «celestiales», que culminaron en la pareja primordial, Izanagi y su hermana y esposa Izanami, cuyos nombres completos eran Izanagi-no-Mikoto («El Varón Augusto») e Izanami-no-Mikoto («La Mujer Augusta»),

Obedeciendo la orden de las deidades de «terminar y solidificar esta tierra movediza», Izanagi e Izanami se situaron en el Puente Flotante del cielo (quizá un arco iris) y agitaron el mar con una lanza recubierta de gemas. Al levantar la lanza, las gotas formaron una isla llamada Onogoro, la primera tierra sólida. Poco después descendieron a ella, erigieron una columna «celestial», construyeron un palacio y decidieron procrear.

Izanagi le preguntó a su hermana cómo estaba formado su cuerpo, y ella contestó que le faltaba una parte mientras que Izanagi dijo que a él le sobraba una parte y sugirió que las uniesen. La pareja divina inventó un ritual matrimonial que consistía en que ambos rodeaban la columna celestial, Izanagi por la izquierda y su hermana por la derecha, y al encontrarse intercambiaban cumplidos y mantenían relaciones sexuales.

Al cabo del tiempo Izanami dio a luz, pero su primogénito fue el deforme [iruko («Niño-Sanguijuela», a quien la desgraciada pareja metió en una barca de juncos que confió al mar. En una «gran adivinación», los dioses llegaron a la conclusión de que el nacimiento del niño-sanguijuela a culpa de Izanami, porque en el ritual de cortejo había hablado la primera.


Con este conocimiento (que ha servido hasta el día de hoy para legitimar las desigualdades sexuales y el machismo en Japón), la pareja regresó a Onogoro y volvió a poner en práctica el ritual. En esta ocasión Izanagi habló el primero cuando ambos se encontraron en la columna, e Izanami tuvo muchos hijos. En primer lugar dio a luz una serie de islas (el archipiélago japonés), después a una serie de dioses y diosas, entre ellos los del viento, las montañas y los árboles, pero cuando nació Kagutsuchi (o Homusubi), dios del Fuego, sus genitales se quemaron de tal manera que enfermó y murió. Sin embargo, Izanami siguió engendrando deidades en plena agonía, en las heces, la orina y los vómitos, Izanagi lloró su muerte, inconsolable, y de sus lágrimas surgieron más deidades.

Más adelante, su tristeza se convirtió en cólera y decapitó al dios del fuego por ser el culpable de la muerte de su amada esposa. De los restos del dios del Fuego nacieron más divinidades. Izanagi decidió ir a Yomi, el reino subterráneo de los muertos, para intentar devolverle la vida a Izanami. Cuando ésta vió en la entrada de Yomi, con su sudario de sombras, Izanagi la saludó con cariño y le rogó que volviera con él. Izanami accedió a discutir su petición con los dioses del inframundo y antes de tentarse a la oscuridad pidió a Batido que no la mirase, pero a Izanagi le consumía un deseo tan ardiente ver a su amada esposa que rompió un diente de la peineta que llevaba el moño izquierdo y le prendió fuego, a modo de antorcha. Entró en la tierra de los muertos y vio que Izanami era un cadáver putrefacto, cubierto de gusanos. Aterrorizado, huyó de aquel lugar, pero Izanami, encolerizada al ver que Izanagi había contrariado sus deseos, envió en su busca a las «brujas de Yomi», a las ocho deidades del trueno y a una horda de guerreros. Al llegar al paso de Yomi, que llevaba a la tierra de los vivos, Izanagi encontró tres melocotones y se los arrojó a sus perseguidores, obligándoles a retroceder. Izanami, convertida en un ser demoníaco, se unió a la persecución pero antes de que diera alcance a Izanagi, éste cerró el paso con una enorme roca. Los dos se vieron frente a frente, a ambos lados de la roca, y «rompieron su compromiso».

Izanagi se sentía sucio por su experiencia en Yomi y decidió purificarse de una forma típicamente japonesa: con un baño. Al llegar a un arroyo de Hyu-ga (al noroeste de Kyushu) se desnudó. De sus ropas nacieron varios dioses y diosas y surgieron otras mientras se bañaba. Por último, Izanagi dio a luz a las tres divinidades más importantes del sintoísmo: la diosa del sol, Amaterasu-no-mikoto (literalmente «Augusta Persona que Hace Brillar el Cielo») apareció cuando se lavó el ojo izquierdo; Tsuki-yomi-no-mikoto («La Augusta Luna») apareció de su ojo derecho, y Susano-no-mikoto («El Augusto Varón Colérico»), de su nariz. Izanagi decidió dividir el reino entre sus tres hijos: le dio su sagrado collar, símbolo de soberanía, a Amaterasu, con el mandato de que gobernase las Elevadas Llanuras del Cielo; a Tsuki-yomi, dios de la luna (en la mitología japonesa la luna se considera masculina), le confió los reinos de la noche y al otro hijo, Susano, el océano.

Amaterasu y Tsuki-yomi aceptaron sus tareas obedientemente, pero Susano se puso a llorar y a aullar. Izanagi le preguntó la causa de su aflicción y Susano contestó que no quería gobernar las aguas sino ir a la tierra en la que vivía su madre, Izanami. Encolerizado, Izanagi desterró a Susano y a continuación se retiró, tras haber terminado su misión divina. Según una versión del mito, subió al cielo, donde vive en el «Palacio Más Joven del Sol». Se dice que esa encerrado en Taga (prefectura de Shiga, Honshu).


Mitología Japonesa



¿Y si dejáramos por un segundo todo lo que estamos acostumbrados a ver y nos sumergiéramos en un mundo completamente nuevo situado en el lejano oriente? ¿Y si exploráramos sus costumbres, tradiciones, dioses y mitos? ¿Y si le diéramos una oportunidad a esta "nueva" mitología? Descubre conmigo en esta otra cultura.

Entradas publicadas hasta la fecha (de más antigua a más reciente):

> El hilo rojo
> Izanagi e Izanami - La pareja primordial
> La crisis divina - Amaterasu retira el sol